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dimecres, 29 d’abril del 2026

Exposició al Col-legi Major Retor Peset: 'Documents extraviats: xiquets de Txernòbil a Cuba'

 


El Colegio Mayor Rector Peset acoge la exposición Documentos extraviados: niños de Chernóbil en Cuba, con motivo del 40 cumpleaños del grave accidente nuclear de Chernóbil.

La muestra de la artista peruana Sonia Cunliffe, con el comisariado de la periodista cubana Maribel Acosta, nos adentra en el programa sanitario que Cuba desarrolló durante 21 años consecutivos.


La madrugada del 26 de abril de 1986, el cuarto reactor de la central electronuclear Vladimir ÍlitxLenin estalló y provocó el que se considera el accidente nuclear más grande de la historia. La nube radiactiva alcanzó casi todo Europa, en un área de 2.600 kilómetros cuadrados, casi un centenar de pueblos y poblados desaparecieron y tuvieron que ser evacuados y provocó miles de enfermos de cáncer y de enfermedades de la piel que permanecen hasta hoy, exponiendo a casi 8,4 millones de personas en la radicación. 


Cuando en 2011 la escritora y creadora visual peruana Sonia Cunliffe visitó el balneario de Tarará, al este de La Habana, los niños que se bañaban en la playa llamarón su atención. Posteriormente, el encuentro con la periodista Maribel Acosta en 2015 propició el inicio de un trabajo conjunto de investigación donde contactaron con médicos, pacientes, traductores, centro de investigación, hospitales y visitaron los archivos de los diarios Granma y Juventud Rebelde, colegas que les libraron sus archivos... hasta reconstruir una parte de la historia poco conocida que empezó el 29 de marzo de 1990, cuando el primer vuelo procedente de la antigua URSS, llegó a Cuba con los primeros de los 26.000 niños y niñas que provenientes de Rusia, Bielorrusia, Ucrania y Moldavia recibieron a lo largo de 21 años, desde 1990 hasta 2011, asistencia médica gratuita en Cuba, para tratar las diferentes enfermedades que años después empezaron a aparecer como secuela de la radiactividad. 

Según nos indica Maribel Acosta, “la muestra Documentos extraviados: niños de Chernóbil en Cuba constituye, una investigación ordenada del contexto y sus actores, desde la recuperación y reconstrucción de documentos textuales, fotográficos, sonoros, audiovisuales y de objetos y equipaciones; anclada en los conceptos de memoria y olvido, en cuanto que imaginario social presente. Nos pone a sentir la responsabilidad del hecho humano”. 


Por su parte, Sonia Cunliffe exhibe una obra que tiene como fundamento raigal el arte del archivo, la deconstrucción y la reconstrucción de las capas narrativas que emergen en nuevos relatos cuando se activan con públicos, experiencias y contextos diferentes. Cada cual, frente a una narrativa de partida, hará su propia y, de este modo, los documentos dispersos en archivos casi olvidados contarán muchas historias de aquellos años… y de estos. Las fotografías acontecen caudales, gestos de arraigo. Anverso y reverso explican un nombre, un tiempo y una añoranza. Cuchichean lágrimas y también sonrisas. Aun hoy siguen pidiendo auxilio, ruegan más vida para que no prevalezcan el silencio y el abandono.


Y, como columna vertebral que atraviesa la muestra, hay el sonido. El joven compositor cubano Jorge Antonio Fernández Acosta compuso El lamento de Liusia, aquel otro relato inspirado en el testimonio de la esposa del bombero moribundo que recogió la escritora bielorrusa Svetlana Aleksiévitx, Premio Nobel de Literatura en 2015, en el libro Voces de Chernóbil. 

La exposición permanecerá abierta al público del 24 de abril al 28 de junio de 2026, de martes a viernes, de 11.00 a 19.00 h y sábados, domingos y festivos de 11 a 21 horas, en la Sala de la Muralla del Colegio Mayor Rector Peset de la Universitat de València (plaza del Forn de San Nicolau, 4. València).







dilluns, 27 d’abril del 2026

La plataforma “Tanquem Cofrents” realiza una pintada gigante con motivo del 40 aniversario de la catastrofe de Chernobil

 



El 26 de abril, con motivo del 40 aniversario de la catástrofe nuclear de Chernobil, 15 activistas de la plataforma “Tanquem Cofrents” han realizado una pintada gigante en el cauce nuevo del Turia.

En la pintada, de  200 metros cuadrados se puede leer, en letras de 2 metros de alto, el histórico lema del movimiento antinuclear “Nuclears?, no gracies” junto con el logo del sol antinuclear de 6 metros de diámetro.

El accidente de Chernobil produjo la muerte de miles de personas, además de afectar a la salud y acortar la vida de centenares de miles más. Tanto de habitantes de la zona y mucho más allá, como de los llamados “liquidadores”, que se ocuparon de los trabajos de limpieza y sellado de las instalaciones de la central.

En efecto, el reactor accidentado estuvo liberando isótopos radioactivos de forma masiva durante una semana y los vientos y las lluvias los dispersaron a lo largo y ancho de Europa, dejando contaminadas radioactivamente amplias zonas en una distribución irregular. Por eso, aunque la mayoría de los afectados eran residentes de Ucrania y Bielorrusia, Chernobil fue el primer( aunque por desgracia, no el último) accidente nuclear global, que puso de manifiesto que cuando ocurre un accidente nuclear las fronteras no significan nada.

El accidente de Chernobil no ha acabado, su legado sigue vigente 40 años después, y se seguirá extiendo en el tiempo. Sigue afectando directamente a los habitantes de la zona contaminada, mucho más allá de la zona de exclusión donde sigue prohibido vivir. Y estudios recientes han demostrado que los descendientes de personas afectadas, aunque no hayan vivido en la zona, han sufrido un daño genético irreparable y están afectados también.


Además, la invasión de Ucrania por Rusia ha agravado su efecto, ya que el movimiento de tropas y vehículos en los primeros días de la guerra removieron la tierra con sedimentos radioactivos y se midió un aumento de la radiactividad ambiental. Pero lo más grave fue cuando el 14 de febrero de 2025 un dron Shared ruso impactó y abrió un agujero de varios metros cuadrados en la contención exterior que provocó que el polvo radioactivo siga dispersándose. Esta contención, cuya construcción acabó hace una década, cubría un primer sarcófago ya muy deteriorado construido a toda prisa en los años posteriores a la catástrofe. Las reparaciones de este impacto siguen en marcha y tienen un coste estimado de 500 millones de euros.

Lamentablemente, a los riesgos de las instalaciones nucleares, que ya son considerables de por si, se ven agravados por escenarios bélicos. Hemos visto repetidos impactos muy cerca de la central ucraniana de Zaporiyia, la mayor de Europa, cortando varias veces el suministro eléctrico exterior que permite controlar las instalaciones. Y, en este último mes impactos de misiles durante la guerra entre Israel y Estados Unidos contra Irán, en las proximidades de la central iraní de Busher y la israelí de Dimona.

El accidente de Chernobil, como el anterior de Harrisburg o los posteriores de Fuskushima y otros, puso de manifiesto que las centrales nucleares son intrínsecamente inseguras y peligrosas. La energía nuclear, además de ser muy cara, de generar un legado de basura radioactiva que tendrán que gestionar nuestros descendientes durante milenios, y de producir una dependencia geoestratégica del uranio ruso, son totalmente prescindibles y, son, de hecho, un obstáculo para la necesaria transición a un sistema energético basado en renovables.

Por todo ello, y para que no se tenga que repetir la historia de Chernobil, la plataforma “Tanquem Cofrents” exige que se cierren ya Cofrentes y el resto de  nucleares. Y, consecuentemente,  exigen al gobierno que no prorrogue la licencia de funcionamiento de la central de Almaraz, que debe cerrar el año que viene según calendario de cierre que pactó en su día el gobierno con las empresas nucleares.