El Colegio Mayor Rector Peset acoge la exposición Documentos extraviados: niños de Chernóbil en Cuba, con motivo del 40 cumpleaños del grave accidente nuclear de Chernóbil.
La muestra de la artista peruana Sonia Cunliffe, con el comisariado de la periodista cubana Maribel Acosta, nos adentra en el programa sanitario que Cuba desarrolló durante 21 años consecutivos.
La madrugada del 26 de abril de 1986, el cuarto reactor de la central electronuclear Vladimir ÍlitxLenin estalló y provocó el que se considera el accidente nuclear más grande de la historia. La nube radiactiva alcanzó casi todo Europa, en un área de 2.600 kilómetros cuadrados, casi un centenar de pueblos y poblados desaparecieron y tuvieron que ser evacuados y provocó miles de enfermos de cáncer y de enfermedades de la piel que permanecen hasta hoy, exponiendo a casi 8,4 millones de personas en la radicación.
Cuando en 2011 la escritora y creadora visual peruana Sonia Cunliffe visitó el balneario de Tarará, al este de La Habana, los niños que se bañaban en la playa llamarón su atención. Posteriormente, el encuentro con la periodista Maribel Acosta en 2015 propició el inicio de un trabajo conjunto de investigación donde contactaron con médicos, pacientes, traductores, centro de investigación, hospitales y visitaron los archivos de los diarios Granma y Juventud Rebelde, colegas que les libraron sus archivos... hasta reconstruir una parte de la historia poco conocida que empezó el 29 de marzo de 1990, cuando el primer vuelo procedente de la antigua URSS, llegó a Cuba con los primeros de los 26.000 niños y niñas que provenientes de Rusia, Bielorrusia, Ucrania y Moldavia recibieron a lo largo de 21 años, desde 1990 hasta 2011, asistencia médica gratuita en Cuba, para tratar las diferentes enfermedades que años después empezaron a aparecer como secuela de la radiactividad.
Según nos indica Maribel Acosta, “la muestra Documentos extraviados: niños de Chernóbil en Cuba constituye, una investigación ordenada del contexto y sus actores, desde la recuperación y reconstrucción de documentos textuales, fotográficos, sonoros, audiovisuales y de objetos y equipaciones; anclada en los conceptos de memoria y olvido, en cuanto que imaginario social presente. Nos pone a sentir la responsabilidad del hecho humano”.
Por su parte, Sonia Cunliffe exhibe una obra que tiene como fundamento raigal el arte del archivo, la deconstrucción y la reconstrucción de las capas narrativas que emergen en nuevos relatos cuando se activan con públicos, experiencias y contextos diferentes. Cada cual, frente a una narrativa de partida, hará su propia y, de este modo, los documentos dispersos en archivos casi olvidados contarán muchas historias de aquellos años… y de estos. Las fotografías acontecen caudales, gestos de arraigo. Anverso y reverso explican un nombre, un tiempo y una añoranza. Cuchichean lágrimas y también sonrisas. Aun hoy siguen pidiendo auxilio, ruegan más vida para que no prevalezcan el silencio y el abandono.
Y, como columna vertebral que atraviesa la muestra, hay el sonido. El joven compositor cubano Jorge Antonio Fernández Acosta compuso El lamento de Liusia, aquel otro relato inspirado en el testimonio de la esposa del bombero moribundo que recogió la escritora bielorrusa Svetlana Aleksiévitx, Premio Nobel de Literatura en 2015, en el libro Voces de Chernóbil.
La exposición permanecerá abierta al público del 24 de abril al 28 de junio de 2026, de martes a viernes, de 11.00 a 19.00 h y sábados, domingos y festivos de 11 a 21 horas, en la Sala de la Muralla del Colegio Mayor Rector Peset de la Universitat de València (plaza del Forn de San Nicolau, 4. València).
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada